segunda-feira, 30 de maio de 2016

Alfonsina Storni

Tú me quieres alba, 
me quieres de espumas, 
me quieres de nácar. 
Que sea azucena 
Sobre todas, casta. 
De perfume tenue. 
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna 
filtrado me haya. 
Ni una margarita 
se diga mi hermana. 
Tú me quieres nívea, 
tú me quieres blanca, 
tú me quieres alba. 

Tú que hubiste todas 
las copas a mano, 
de frutos y mieles 
los labios morados. 
Tú que en el banquete 
cubierto de pámpanos 
dejaste las carnes 
festejando a Baco. 
Tú que en los jardines 
negros del Engaño 
vestido de rojo 
corriste al Estrago. 

Tú que el esqueleto 
conservas intacto 
no sé todavía 
por cuáles milagros, 
me pretendes blanca 
(Dios te lo perdone), 
me pretendes casta 
(Dios te lo perdone), 
¡me pretendes alba! 

Huye hacia los bosques, 
vete a la montaña; 
límpiate la boca; 
vive en las cabañas; 
toca con las manos 
la tierra mojada; 
alimenta el cuerpo 
con raíz amarga; 
bebe de las rocas; 
duerme sobre escarcha; 
renueva tejidos 
con salitre y agua:
 
Habla con los pájaros 
y lévate al alba. 
Y cuando las carnes 
te sean tornadas, 
y cuando hayas puesto 
en ellas el alma 
que por las alcobas 
se quedó enredada, 
entonces, buen hombre, 
preténdeme blanca, 
preténdeme nívea, 
preténdeme casta.

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